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Los Piranesi de Montserrat

La colección Los Piranesi de Montserrat es una selección de grabados adquiridos por la Abadía de Montserrat en Roma a principios del siglo XX de Giovanni Battista Piranesi (Mogliano di Mestre, Venecia, 1720 – Roma, 1778), y que consta de sesenta láminas de las series Vistas de Roma (1748-1778), Antigüedades Romanas (1756) y Campo de marzo (1762). A este conjunto se suman algunas láminas de su hijo Francesco, que dan continuidad al estilo Piranesi ya en el siglo XIX.

Esta muestra inédita de los mejores grabados de Piranesi, uno de los grandes nombres del arte del grabado, está comisariada por Artur Ramon i Navarro, quien define al artista veneciano como ”un hombre y un nombre que con la pasión del buril sobre el papel reveló nuestro mundo visual”.

Actualmente, esta colección de grabados está considerada la más importante del Estado, junto con las de la Biblioteca Nacional de Madrid y la de la Real Academia de San Carlos de Valencia.

En la exposición también se podrá ver el libro Il Campo Marzio dell’antica Roma (primera. edición, 1762). Esta obra, que es un tratado esencial para comprender la defensa que hizo Piranesi de Roma en tiempos en que era discutida la supremacía de la Antigüedad, refleja la fuerza del artista veneciano, arqueólogo y polemista.

Piranesi grabó al aguafuerte los parajes y monumentos más conocidos de la Ciudad Eterna, que servían de recuerdo a los primeros turistas procedentes del norte de Europa, una primera aproximación a nuestras postales, perfectamente fechadas y catalogadas, que recogen 30 años grabando vistas de su ciudad de adopción. Vistas como la isla Tiberina, las tres del Coliseo, la pirámide Cestia, el Campìdoglio, la cascada de Tívoli, Vila Pamphili, entre otras, crearon un imaginario de Roma y de su entorno y lo difundieron por toda Europa. Por otra parte, Piranesi también reflejó vistas en las cuales la naturaleza y la vegetación ganan el protagonismo al lugar, como las cascadas del Tívolo, de agua abundante y árboles que se recortan encima del cielo como los brazos de un candelabro rococó, o el templo de Minerva como una torre de Babel romántica, o la galería de la Vila Adriana que es una carcere de vegetación de una potencia visual extraordinaria.    

Todo realizado como si el grabado fuese pintura, con una técnica de claroscuro que hasta ese momento sólo el grabador Rembrandt había conseguido. Por este motivo se ha definido a Piranesi como “el Rembrandt de las ruinas”.