Es poco sabido por el público en general el hecho de que grandes artistas hayan recurrido en el pasado (y algunos en el presente) a la ayuda de máquinas para la elaboración de sus obras. Nos referimos a artistas como Durero, Vermeer, Canaletto y otros. Generalmente se considera que un gran pintor lo es en la medida en que realiza manualmente sus obras. El empleo de métodos técnicos para calcar o dibujar se relega al ámbito de los aprendices.
Pues bien, a lo largo de la historia del arte pintores de primera fila han recurrido a la utilización de máquinas de dibujo para resolver sus problemas técnicos. Han recurrido sistemática y “secretamente”. A esta circunstancia se la ha dado poca o ninguna publicidad y en nuestros días ha caído en el olvido. Hoy, a lo sumo, hablamos de algún pintor del S. XIX que empleó la fotografía para sus cuadros. Pero podemos tener la casi absoluta seguridad de que Vermeer, Durero y otros emplearon máquinas de dibujo para ayudarse en la realización de sus obras. En ocasiones copiaron y calcaron sus imágenes directamente del natural. Y todo esto lo hicieron con unos medios que han caído en el olvido y la ocultación posiblemente ante el temor a ver mermados sus talentos artísticos o de que otros aprendiesen demasiado pronto lo que a ellos les llevó años, disputándoles así un lugar en la historia del arte.
Esta exposición habla de esas máquinas y de los artistas que las emplearon. Habla de pinturas que no salieron del ojo del artista que las creó sino por intermedio de máquinas de dibujar y de ver.
Posiblemente el instrumento que inaugure toda la serie sea el que se ha dado en llamar Ventana de Leonardo. Inventada por el artista del que toma el nombre (Leonardo da Vinci) y rediseñada por Alberto Durero. En paralelo a ésta se desarrolla entre los Países Bajos e Italia toda una serie de máquinas de dibujo constituidas en lo esencial por sistemas de espejos y lentes. De su manejo se derivaría en alguna forma la obra de Vermeer, Caravaggio, Canaletto y otros. En el siglo XIX la cámara lúcida diseñada por Wollanston pudo muy bien haber sido utilizada por Ingres en muchos de sus dibujos. La tradición secreta del empleo de máquinas para dibujar se continuó hasta el siglo XX con los experimentos al respecto de David Hockney.

