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La Codorniz de Enrique Herreros

“La Codorniz: Ironía contra la censura”

14/01/2004
El Mundo

Exposición. El Archivo Regional Joaquín Leguina acoge un homenaje sobre Enrique Herreros, el alma gráfica de la mítica publicación humorística La Codorniz, con 50 portadas de la revista.

Cote Villar.
Dos burros curiosean el interior de una casa desde fuera. Detrás suyo un paisaje demoledoramente verde, pero ellos asomados a la oscuridad de una simple estancia convencional. Sólo unas palabras adornan el cuadro: “¡Qué paisaje tan bonito!”. Humorísticamente perturbador, de una inteligencia genial, la exposición La Codorniz de Enrique Herreros descuelga destrezas similares en cincuenta portadas de la mítica publicación.

Les quisieron llamar La otra generación del 27. Mientras el mundo se derrumbaba entre los años 20 y 50, un grupo de artistas dedicaba sus empeños a introducir entre las rendijas de la censura un humor absurdo e ilógico que calara en los cimientos grises de la realidad. Junto con Enrique Herreros y Tono, Miguel Mihura fundaba la revista de humor La Codorniz, refugio habitual de toda la ironía española hasta su desaparición en 1978 (Gila, Forges, Tip y Coll, Chumy Chúmez, entre otros). Pero es sobre todo a partir de 1944 –Álvaro de Laiglesia comienza a dirigir la revista–, cuando Enrique Herreros se hace responsable de casi todas las portadas de la publicación, para las que usaba generalmente la técnica del collage. Invitando a la reflexión con la misma elegancia que a la sonrida, ahora una selección de esos años de historia –entre 1945 y 1958– se expone por primera vez.
Descansan en el complejo El Águila, sede del Archivo y la Biblioteca Regional Joaquín Leguina. Ayer, Esperanza Aguirre, el secretario de Estado de Cultura, Luis Alberto de Cuenca y el consjero autonómico del ramo, Santiago Fisas, inauguraron la muestra en un recorrido informal con el hijo del fallecido artista y el comisario de la exposición José Luis Rodríguez de la Flor.

Un paseo para perderse en las escamas de sus fotomontajes, y encontrales la piel. “En mi época, dibujar en españa era aullar”, dijo una vez. Sonidos que encuentran por el camino del absurdo la puerta para ser escuchados. En distintos planos, ya sea la situación internacional, la nacional, las costumbres o la misma vida. Así se han estructurado las portadas, siguiendo los criterios que en la sala responden a las siguientes nomenclaturas: Exilio del amor y la belleza y Lógica implacable de un siglo, que , en palabras del comisario, son las partes “más críticas”. Una sociedad que empieza a intuir un futuro entrampado y oscuro, comprometido para la humanidad y que él deja entrever con magníficos collages como La libertad, en reparación, portada del 26 de septiembre de 1948. O las referencias a las nuevas fronteras africanas en 1952.

La mujer como elemento liberador de la atmósfera opresiva. Idependientes, preciosas, con personalidad, son pequeñas ritas hayworths encajadas en composiciones imposibles. En la sección denominada Y vinieron comoángeles pintados, que abunda en primeros planos –marca de la casa– amanecidos por sonrisas perfectas.

Se completa el recorrido por esta antología con las más ocmplicadas. “Abstracción contra la censura”, propone Rodríguez de la Flor, pero lo cierto es que Galería de sombras al acecho se hace ya muy influenciado por las vanguardias, sin titulaes, ni textos de apoyo, sólo las imágnes, producto a su vez de otras imágenes, que se entremezclan al más puro estilo del expresionismo alemán.
Enrique Herreros realizó a lo largo de su vida profesional muchas ilustraciones para distintas colecciones de libros de humor, como el Club de la sonrisa o Editorial Planeta. la exposición muestra también una pequeña selección de estos libros, como un resumen de las publicaciones y actividades de La otra generación del 27.

Por último, y además, no se puede abandonar a Herreros sin dedicarle un capítulo a sus múltiples facetas. Desde representante de artistas, a realizador de cortos, cartelista, hombre de publicidad, y demás locuras. En 1960 su vida pública se acaba en favor de la pintura, algunas colaboraciones para La Codorniz y el montañismo, su gran pasión. Enrique Herreros fue de los primeros escaladores en subir el Naranjo de Bulnes y en la sierra de Guadarrama descubrió una nueva vía que desde entonces recibe su nombre. Todavía a los 73 años se le podía ver esquiando por sus amados Picos de Europa, los mismos que se lo tragaron en un accidente el 18 de septiembre de 1977.

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